La costa gaditana en Andalucía y las sierras de Cádiz


En la costa gaditana existió en otros tiempos una Gran laguna de unas cuatro mil hectáreas de superficie, último lugar de España en que criaron las grullas que hoy visitan nuestra geografía en invierno. Diversos trabajos tratan de recuperarla. Mientras, se pueden admirar pequeñas lagunas distribuidas por pueblos de la comarca del mismo nombre. La landa, siete pueblos para un pedazo de tierra de blanquísimas fachadas sobre fondo multicolor.

Entre la sierra y el mar, entre el mar y la sierra, la comarca gaditana de La Janda surge al amparo de un nombre, casi un mito: una laguna que desde tiempos prehistóricos albergó la presencia humana. La Janda, que en otro tiempo contaba con cuatro mil hectáreas de superficie, fue el último lugar de España donde criaron las grullas que hoy se acercan en invierno desde el norte de Europa. 
 
La mítica laguna trata de recuperar su pasado esplendor, pero, mientras, es posible admirar pequeñas lagunitas distribuidas por Jerez, Medina Sidonia o Chiclana de la Frontera. Esta comarca cargada de tradición reparte sus riquezas en tomo a siete pueblos que se rodean con orgullo de lugares de insólita belleza como el Parque Natural de los Alcornocales o el del Acantilado.

Un buen baño en las magníficas playas de Conil de la Frontera, lugar de pesca y recreo es suficiente para comenzar a apreciar el sabor de esta comarca gaditana. Si Conil se muestra al mar, Vejer se insinúa al visitante. Patios floridos, explosión de color sobre fondo inmaculado, influjo andalusí, que pide a gritos una instantánea.

Desde Vejer hay que acercarse a Medina Sidonia, donde la mezcolanza de estilos ensalza con fuerza los bellos parajes que rodean la ciudad. Tan rica en variedad como variadas son sus calles es la gastronomía, compendio de culturas que han enriquecido tan particular arte.

Una vez repuestas las energías, el itinerario conduce al visitante a Paterna de la Rivera donde resuenan en sus muros el origen de las peteneras. Aquí nació este popular palo de flamenco, aquí, al amparo del castillo árabe de Gigonza, a escasos cuatro kilómetros de la localidad. Alcalá de los Gazules, emplazada sobre una colina culpable de que sus calles se muestren tortuosas y empinadas, conforma un paisaje de gran belleza. En esta población hay que tomarse el tiempo necesario para respirar y descansar en amplias plazas cargadas de historia.

La mirada se dirige hacia Benalup que se ha convertido en la puerta de entrada del Parque Natural de los Alcornocales. A pesar de ser un pueblo joven, Benalup vive rodeado de historia. La villa gaditana se muestra orgullosa del Tajo de las Figuras, enclave donde diferentes cuevas conservan diversas pinturas rupestres. Y de Benalup, a Barbate, que se ocupa de poner el broche final, recibiendo de nuevo la brisa del Atlántico, observando como los pescadores utilizan el sistema de la almadraba para la pesca del atún.
La comarca gaditana se viste de fiesta cada amanecer. Sus bosques, sus lagunas y sus gentes renacen día a día bañados por la sierra y el mar, por el mar y la sierra, acariciando las leyendas de una zona mítica marcada por una gran laguna: La Janda

 

A. Tamayo