Escapada a las sierras de Velada, en la Provincia de Ávila - Ávila de los Caballeros


Dominios disputados por cabras monteses y escaladores, los riscos de la sierra de Gredos dan cobijo casi permanente al hielo y la nieve. Territorio inhóspito sito en la provincia de Avila en el cual, el tiempo, ha ido creando las más diversas leyendas.

La sierra de Gredos vigila ambas Castillas desde sus más altas torres. El valle del Tajo y las sierras de Avila y Salamanca se refugian bajo la sombra que proyectan estas montañas, cuyas estribaciones van ocultando, paulatinamente, el núcleo central, el corazón de una sierra que no es fácil invadir, pues no hay caminos cómodos que lleven hasta sus nieves casi eternas. El remoto origen de esta sierra fue el plegamiento herciniano que plegó los estratos.

En el siglo XVIII, se construyó la torre, el chapitel, el  baptisterio y las portadas. Pero la iglesia no es el único edificio religioso de Velada. El convento franciscano, abandonado tras la desamortización de Mendizábal, y las  ermitas de San Cristóbal, la Virgen de Gracia y Santa Ana se dispersan a lo largo y ancho del término municipal. De todas ellas, destaca por su particularidad la de San Cristóbal. Su singularidad no reside en el estilo arquitectónico, sino en la decoración interior. De construcción reciente, la ermita recuerda a un automóvil y fue construida por camioneros y taxistas del lugar, a los que se fueron uniendo otros conductores que repartían el trabajo en los ratos libres. La lámpara es una llanta, los pomos de la puerta dos mitades de volante y el altar se sostiene sobre un eje.

Velada se alza como un punto de referencia entre Talavera y la entrada a Extremadura, en medio de una sierra, la de San Vicente y al amparo de un río, el Guadyerbas, que susurra la historia pasada de esta localidad a propios y profanos.

El aspecto de la sierra es muy distinto, según sea la fachada que se esté contemplando. Al sur, se sitúa el valle del Tiétar, donde linda con los bosques de encinas, los empinados pinares y los pueblos invadidos  por casas de veraneo. Por el norte, todo es más austero, más áspero, más duro y seco. Pero, por toda la cordillera, domina el gris negruzco del granito, la roca predominante en esta sierra rocosa. La piedra se ha visto redondeada por el paso de las aguas, agrietada por la acción del hielo o levemente coloreada por atrevidas plantas.

Oculto queda el núcleo central, formado por lo que se llama el Circo de Gredos, cuyo borde, en forma de herradura abierta hacia el norte, reúne las principales cumbres el Giietre, la Galana, el Venteadero, el Almanzor, el CuchilIar, los Tres Hermanitos, el Morezón, los Barrerones y, en el fondo, con un brillo oscuro, duerme, plácida, la Laguna Grande. De formas indefinidas, este lago ha sido el eco de las leyendas de los lugareños, quienes afirmaban que enlazaba, de forma subterránea, con el océano y éste, cuando sufría borrasca, ocasionaba el movimiento de sus aguas.

Fragmentos por José A. Alonso