La Granja de San Ildefonso y la fábrica real de cristalería


 La Granja de San Ildefonso es uno de los pueblos más bellos de la provincia de Segovia. Lugar elegido por los reyes españoles para su descanso, en cada rincón se respira la historia y la grandeza de sus jardines, fuentes y monumentos.

El periodo barroco promueve, a lo largo y ancho de todo el continente europeo, la idea de la ordenación, de tal modo que la ciudad se concibe como vista en la que la uniformidad y la simetría se orientan a lograr una perspectiva monumental desde un solo y único punto de vista.
Dentro de este concepto, coincidente con el establecimiento del absolutismo y el centralismo político reinante en la época, con la función predominante de la monarquía considerada como un centro, el palacio de la realeza se convierte en el núcleo alrededor del cual gravitan todas las costumbres sociales en ordenación de tipo perspectivista.

España, país en el cual el absolutismo estuvo magníficamente representado, se mantuvo ajena a estas corrientes estadísticas. Corrientes que tienen un excelente ejemplo en La Granja de San Ildefonso, en la provincia de Segovia. Este recinto y poblado vio iniciada su construccion durante el reinado de Felipe V, quien edificó el Palacio y los magníficos Jardines. Luego, bajo las mismas premisas, fue Carlos III quien ordenaría definitivamente el poblado.

El conjunto resultante es una construcción vertebrada por un gran eje cuyo punto preponderante se sitúa cúpula de la Colegiata.

Otro recurso escenográfico que da especial relevancia a la Granja es la presencia de una colina utilizada como telón de fondo, toda ella cubierta por un denso bosque.

Pero, aparte de la belleza estructural, La Granja contiene un buen número de atractivos. El Palacio guarda en su interior un museo, reconocido mundialmente, en el que se conservan tapices realizados entre los siglos XV al XVII. Los Jardines Reales, repletos de monumentales fuentes que componen excelentes espectáculos de luz, color yagua, están repletos de magia y encanto.

Por otro lado, en La Granja también se encuentra la Real Fábrica de Cristales. Ordenada construir en 1770 por el monarca Carlos III, ha permanecido inalterada hasta nuestros días, convirtiéndose, a lo largo de los siglos, en uno de los principales centros vidrieros europeos. Destacan sus inmensas bóvedas y el precioso material pesado que todavía se conserva, el museo permanente del Centro Nacional del Vidrio y las exposiciones de carácter internacional que se celebran continuamente y que suelen ser de un interés excepcional.

La magnífica situación del palacio y el poblado, en plena sierra segoviana, ofrece multitud de atractivos añadidos, pues se puede disfrutar de un entorno lleno de espacios naturales, ideales para realizar actividades deportivas como la hípica, el senderismo, el esquí o el tiro con arco y degustar una gastronomía con fama mundial, en la que destacan los judiones y las truchas. Un tren eco lógico se encarga de enseñar los rincones más recónditos de este lugar marcado por el tiempo y la historia.

Todo ello sin olvidar que, al llegar a La Granja, se llega a un sitio que ha sido testigo de grandes escenas en la historia de España, como la abdicación de Felipe V y su retorno al poder tras la muerte de su hijo, Luis 1, los desposorios de Carlos IV, la firma del Tratado de San Ildefonso que asoció a España y a Francia contra Inglaterra, y sucesos íntimos en la vida de los monarcas como la luna de miel de Alfonso XIII, las embajadas solemnes o los bautizos de los infantes.

Por E. Conde