Monasterio cisterciense de Santa Maria de Huerta en Soria
Asentado en una salida natural de la submeseta norte hacia el mar, el monasterio de Santa María de Huerta, ha visto como crecía el pueblo a su alrededor mientras sufría todas las vicisitudes de la Orden del Císter, a la cual perteneció siempre.
Sólo en el periodo de la exclaustración, entre 1835 y 1930, estuvieron los frailes cistercienses lejos de Santa María de Huerta. El origen de este monasterio, fundado por monjes del cenobio francés de Berdous, se remonta a principios del siglo XII, aunque la fecha exacta es desconocida. Fueron tiempos en los que vivió el abad Martín, sobresaliente en el amor y cariño que profesó a sus monjes.
Huerta no fue ajeno a las corrientes de crecimiento y consolidación del siglo XIII que precedieron a la decrepitud de la Baja Edad Media. El siglo de oro de la comunidad hortense llegó posteriormente y abarcó los siglos XVI y XVII. Son años en los que el monasterio produjo monjes que tomaron las riendas en las más diversas parcelas del Císter castellano, mientras crecían las propiedades del cenobio. De esta época son el claustro alto plateresco y el claustro herreriano, la biblioteca hoy casi destruida y el refectorio del siglo XVII, convertido en la actual biblioteca y también el coro de nogal y el órgano. Es también muy amplio el trabajo de ornamentación, con cuadros y pinturas mural es, de las diversas estancias monásticas, muchas de ellas desaparecidas y de muy dispar valor.
Los siglos XVIII y X1X anunciaron el próximo fin del monasterio. Durante esas centurias, los monjes cistercienses lucharon en todo momento contra la desaparición de su cenobio, reestructurando los interiores e intentando mantener la hacienda. Sin embargo, el15 de octubre de 1835 se produjo la definitiva exclaustración y desamortización de Santa María de Huerta. El abandono del lugar por parte de los monjes duró hasta 1930,
El Císter aboga por el recogimiento y la pobreza, y sus construcciones se guían por estas directrices.
De líneas simples y escasa ornamentación Santa María de Huerta presenta escenarios dignos de ser recorridos y contemplados con detenimiento y reflexión cuando una nueva rama de la Orden del Císter recuperó la propiedad sobre los edificios que habían soportado 95 años de soledad.
No obstante, semejantes vaivenes no consiguieron eliminar del todo el sencillo esplendor del monasterio. El Císter aboga por el recogimiento y la pobreza, y sus construcciones se guían por estas directrices, lo cual no impide que sean verdaderas obras de arte. De líneas simples, escasa ornamentación y esquema geométrico, Santa María de Huerta presenta escenarios dignos de ser contemplados y recorridos con detenimiento y reflexión.
Como muestra valga la fachada de la iglesia que da acceso al monasterio: en ella se abre una gran portada abocinada, con seis aros equivoltas apuntadas. Acodadas en las jambas, otras tantas columnas a cada lado rematan en capiteles de hojas de acanto, todo ello, presidido por un hermoso rosetón de 8,20 metros de diámetro formado por doce columnas radiales (número simbólico mu empleado por los cistercienses ) que arrancan desde un óculo central lobulado y rematé en igual numero de arquillos trilobulado Topo ello, enmarcado en una circunferencia sencilla, con la sola decoración de puntas de diamante en dos de sus círculos.
Por Benito Flores
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