Ciudad Real: Villanueva de los Infantes, Castilla La Mancha
Cargada de historia, de tradición cervantina, Villanueva de los Infantes se alza, ante los ojos del visitante, señorial y noble, con casas blasonadas que nos recuerdan a cada paso el espíritu de un ilustre genio de nuestras letras: Francisco de Quevedo.
Cuando cae el sol en Villanueva de los Infantes, paseando por la calle dedicada a Cervantes, el visitante puede viajar a través de las brumas del pasado e imaginarse como, tal vez, Francisco de Quevedo se dirige a visitar a algunos de los moradores de los espléndidos palacios y casas solariegas que pueblan esta villa. En la calle Mayor, la nobleza de sus fachadas y la tenue luz de sus farolas permiten respirar el aire del renacimiento manchego, aquel en el que sus moradores mostraban en sus pórticos sus escudos blasonados.
Siguiendo este viaje por el túnel del tiempo, un alto en el camino es necesario para saludar a la autoridad militar delante del que fue el Cuartel General de la Orden de Santiago. Sobre el balcón principal se exhibe el escudo de la orden y una inscripción a ambos lados no deja lugar a dudas de quiénes eran los que lo habitaban. De esta forma, mezclando a cada paso edificios religiosos, civiles, militares e, incluso, inmortalizados por el egregio Miguel de Cervantes en la segunda parte del Quijote, como la casa de Don Diego Miranda, el famoso Caballero del Verde Gabán, la Plaza Mayor aparece iluminada. Una mezcolanza de edificaciones y estilos acompañados por una fantástica iluminación que la convierten en una auténtica joya.
Todo ello, sólo es un esbozo de lo que fue y hoyes ViIlanueva de los Infantes. No en vano, en 1975 fue declarada Conjunto Histórico Artístico. Pero, además de esta señorial villa, los alrededores no son menos bellos. San Carlos del Valle, Montiel o las maravillosas vistas que ofrecen las lagunas de Ruidera, se muestran a aquel que quiera profesarles una mirada.
La quietud se hace patente en Villanueva de los Infantes porque no es un núcleo turístico donde los visitantes sufran atascos paseando o visitando la villa.
Tampoco es un lugar escondido y apartado de las miradas curiosas. Es, simplemente, una pasión compartida entre el buen hacer de sus gentes y la historia de sus piedras, donde, como diría el crítico "está la presencia hecha misterio, del espíritu del genial Quevedo".
Texto: Pilar Garrido
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios