Ciudad de Cuenca


Desde la Hoz del río Huécar, la ciudad de Cuenca se deja admirar. Es su tarjeta de presentación y una invitación para dejarse recorrer. Cada rincón es una sorpresa. El paseo sereno es la mejor forma de descubrir sus encantos. Pararse, contemplar y volver a caminar. La conversación amable del conquense también ayuda a involucrarse un poco más, sentirse de todo partícipe, ciudadano de una de las más bellas ciudades del mundo.

En pleno centro de la península, arropada por las cumbres del Sistema Ibérico, la bien antigua y serrana ciudad de Cuenca guarda con celo su ambiente medieval y elegantes manifestaciones góticas y barrocas. Una estructura homogénea, con personalidad. Extraña y atractiva, donde han encontrado su punto de entendimiento el pasado y la modemidad.
 
Desde el siglo X, Cuenca fue adaptando su entramado urbano conforme marcaba el paisaje. Pequeñas calles y plazoletas de formas caprichosas fueron levantándose sobre las agrestes formaciones del suelo. La naturaleza y los asedios bélicos forzaron la imaginación de los conquenses hasta dar forma a una "ciudad/paisaje" que se mantiene hasta nuestros días.
El nacimiento de Cuenca se fecha en tiempos de la ocupación musulmana, cuando surgió una pequeña urbe encerrada en las murallas del castillo, en lo que es actualmente la Plaza Mayor. A sus pies se encontraba la judería. Tras la conquista crístiana es cuando la ciudad comienza a tener la estructura actual.