Las villuercas y los Ibores
Lugares de sí mismos
Estas comarcas al Este de Extremadura son el compendio de grandes contrastes, donde figuran bellos valles entre serranías que superan los 1200 metros de altura y en los que los bosques de encinas, alcornoques, robles y castaños se combinan con grandes zonas donde reinan los brezos, las jaras y el monte bajo, cubriendo éste enormes extensiones y dando una imagen de tierras agradecidas por el clima y la orografía.
A este paisaje pleno de belleza y hermosos contrastes, contribuyen también otros tonos ocres propios de zonas de laboreo y de numerosas sierras que se ordenan en dirección noroeste y sureste, con nombres tales como: sierra de Altamira o Guadalupe. Además de la vegetación antes mencionada, abundan en el paisaje de estas comarcas olivos, cerezos, castaños y pinos que se sitúan entre las umbrías de las laderas de las principales sierras y valles.
La red de carreteras existente hoy día ha mejorado considerablemente con respecto a la que existía hace solamente unas décadas, facilitando así la travesía por estas comarcas eminentemente montañosas, donde el núcleo principal de todas estas vias de comunicación es Guadalúpe, desde donde se recomienda iniciar o acabar cualquier visita a Ibores o Villuercas.
La geografía y la orografía de estas zonas han influido considerablemente en las características de sus edificaciones, utilizándose en la gran mayoría de ellas durante siglos las propias materias primas que la naturaleza brinda, consiguiendo con ello un resultado final estético y sorprendente. Mención aparte merece la arquitectura de Guadalupe, donde no faltan la mampostería y los bellos soportales en su planta baja, amen del típico entramado de madera en la planta superior, tal vez influida por el estilo mudéjar tan original como abundante en el Real Monasterio.
Productos regionales de Extremadura
Las buenas maderas de la zona brindaron desde antaño la oportunidad de que existieran, y existan hoy aún, artesanos del mueble tradicional en Alía y Guadalupe e interesantes trabajos artísticos de sillas de enea en Bohonal de Ibor.
Los bordados son afamados en Cañamero, Berzocana, Alía, Deleitosa, Fresnedoso de Ibor y Logrosán, trabajándose el bello estilo lagarterano en otras tantas poblaciones de estas comarcas. La primavera y el verano son estaciones muy propicias para la celebración de numerosas fiestas locales, de las que destacan las que se celebran en honor de patrones y patronas de las poblaciones, caso de Berzocana que la celebra en honor de San Fulgencio .y Santa Florentina, o Guadalupe que a principios de septiembre, el día 8, lo hace en honor de la Virgen de Guadalupe; la Cruz es celebrada en Logrosán y Bohonal de Ibor.
La gastronomía de estas poblaciones tiene como base fundamental la utilización de buenos productos naturales: carnes de cabrito, cordero y cerdo, caza mayor y menor, embutidos y criadillas trigueras. De los platos típicos sobresalen aquéllos donde se utilizan las carnes antes mencionadas: calderetas, guísados de hueso con patatas, frites de rabos de cordero, patas de corderos rebozadas, cabrito a la brasa, venados, perdices, conejos. No faltan apreciados ejemplos de buena repostería, donde la miel, tan especial de la zona, juega un importante papel: tortas de chicharrones, piñonates y roscas.
Los quesos de Los Ibores tienen una merecida fama dentro y fuera de Extremadura, así como los vinos y licores de poblaciones corno Cañamero, Berzocana o Guadalupe.
Historia de esta región extermeña
Los árabes utilizaron estas serranías y valles como lugares de establecimiento y explotación ganadera, donde no faltó nunca el aprecio de éstos hacia sus numerosas e importantísimas zonas de caza mayor. Esta práctica cobraría arraigo y continuidad con muchos de los monarcas leoneses y castellanos hasta nuestros días.
Durante siglos la ganadería lanar tendrá un especial protagonismo histórico, motioado en parte por ser estas tierras paso obligado en diversas épocas del año de enormes rebaños de ovejas que de la mano de La Mesta y sus cañadas dejaran su huella en estos parajes.
La célebre cañada segoviana será la base de ulteriores vías de comunicaciones que serán utilizadas, tiempos después, como caminos de peregrinos, que desde la Edad Media han venido visitando con gran devoción a la Virgen de Guadalupe, pilar religioso e histórico de estas tierras. Siglos después Las Villuercas y Los Ibores se han convertido en unas atractivas comarcas donde proliferan muestras artístico-históricas de gran valor y que se han conservado afortunadamente para deleite de sus visitantes.
No faltarán pues, ejemplos muy interesantes de arquitectura civil y religiosa y algunas de índole militar: Iglesias, casas señoriales y algunos restos de lo que fueran impresionantes castillos y fortalezas son testigos de la llegada y establecimiento de las distintas culturas peninsulares que han pasado por estas zonas.
En las Villuercas se respira aire de secreto muy bien guardado, pócima mágica que ha mantenido vírgenes estos lugares para que el turista hoy los recorra.
Atractivos para un fin de semana
Para conocer Las Villuercas hay que patear las calles de sus pueblos. Seguir las líneas de los rostros arrugados por el tiempo y mirar la pasión por la vida en los niños o en los jóvenes, herederos de una forma de ser que implica cuidar de sus campos, de sus ríos, de sus animales. Sentarse junto a los mayores en Solana, pasear por la calle Sevilla en Guadalupe, sentir tocar el cielo con la imponente torre de la iglesia de Berzocana son tan sólo algunas pistas para convertirse en uno más.
En Las Villuercas, huele a historia, a naturaleza agreste y, a la vez, domesticada; a rebaños, a castaños, a cerezos y a quejigos. Pero también a loros o prunus lusitanico, un árbol de la era terciaria de los cuales quedan muy pocos ejemplares en la península.
El mayor encanto de estos pueblos no es tan sólo su típica arquitectura serrana, sino el enclave que les rodea. Así, Cabañas del Castillo se remonta sobre un peñasco con los restos de un viejo castillo que, a pesar de sus ruinas, sigue ondeando sus piedras con dignidad. Es un balcón extraordinario para ver la comarca. Eso sí, subir hasta la cima no es nada fácil, pero merece la pena. Como tampoco es nada fácil transitar por las estrechas vías que unen Berzocana con Cabañas del Castillo o Roturas con Navezuelas.
Iglesia de San Juan Bautista en Berzocana.
Sentarse junto a los mayores en Solana, pasear por la calle Sevilla en Guadalupe, sentir tocar el cielo con la imponente torre de la iglesia de Berzocana son sólo algunas pistas para convertirse en uno más. Refajos bordados, mantones y pañuelos de cien colores ponen el colorido a las fiestas en Robledalano. Los tenderos aprovechan la plaza de Guadalupe para vender sus productos.
La fabulosa iglesia mozárabe de Santa Catalina en Alía, las ruinas del Hospital de La Calera, la arquitectura de Campillo de Deleitosa o la privilegiada ubicación de Retamosa, merecen la mirada del visitante.
El mejor de los consejos por estos pagos es dejarse llevar, disfrutar de las vistas que, desde cualquier punto, son impresionantes y mirar hacia el horizonte en plena paz, en pleno sosiego.
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