Gijón: arte en la ciudad pintoresca
El viaje a Gijón es de lo más pintoresco, y por fin podemos contemplar directamente el Cantábrico. Vamos a almorzar en el Lagar de Cabueñes. Como su nombre lo aclara se trata de un antiguo lagar, ornamentado con toneles, y mozos ataviados a la manera asturiana con chalecos negros sobre la camisa blanca y faja roja en la cintura. El aperitivo es sidra tirada desde lo alto a un vaso colocado lo más bajo que permite el brazo. El acierto no es perfecto, y algo siempre salpica afuera, de manera que cada tantas mesas hay un pequeño tonel al que le falta la mitad superior, relleno con aserrín, sobre él se practica este curioso ritual. La sidra no es efervescente ni dulce. Se trata de otra bebida de la que estamos acostumbrados en Sudamérica con este nombre. Esta me gusta. El almuerzo con platos típicos es para abatir a un bulímico.
Volvemos a Gijón, ya que el Lagar queda en las afueras, y nos dirigimos inmediatamente al colegio en el que debo dar la charla. En. un primer momento parece no haber adecuada información sobre el evento, lo que nos hace temer por su éxito. El salón de actos es muy lindo y amplísimo, con lo que mi temor aumenta. Me llevan a la Dirección para una entrevista con una periodista local. Es una mujer joven, muy interesada y bastante informada sobre el tema, de manera que el diálogo resulta fluido y rico. Vuelvo al salón de actos y me llevo la sorpresa de que hay mucha gente, y que sigue llegando más durante un lapso respetable. La conferencia se Matildena con un exitazo.
Al salir nos invitan a tomar una copa en una sidrería que queda en la esquina del colegio. Aquí sirven la sidra de la misma manera que en el restaurante del almuerzo, pero no hay ningún recipiente para lo que cae fuera del vaso. El sobrante es recibido por el abundante aserrín que han desparramado por el suelo. María no sale de su indignado asombro por la desprolijidad. Se hace tarde. Me regalan una artesanía ejecutada por los alumnos y una revista-memoria de la escuela. Uno de los religiosos que manejan este instituto, me pregunta si realmente Evita fue tan importante, pues ellos la recuerdan sólo como la esposa del perón que siguen viviendo como aquel benefactor de los españoles en un momento difícil.
Regresamos a Valdediós. Camino de montaña y de noche, pero María Isabel parece una hábil conductora, y completamos el recorrido con total tranquilidad. Cenamos solos con José en el convento. La charla es progresivamente profunda y afectiva. Él está encantado de que mañana pasemos casi todo el día en este lugar. Nos dormimos temprano, no sin antes comentar cómo se la extraña a Matilde.
Domingo 16.- Amanece nublado. El Prior nos lleva a conocer las dos iglesias. Salir al predio en el que están al convento y ambos templos, pero hacerlo sin el apuro de ir a otro lado con ocupaciones prefijadas, nos permite mirar más respetuosamente el lugar y compararlo con la visión que desde la ruta ascendente en la montaña lo dimensiona en el valle.
Esta profunda y fértil hondonada se conoce con el nombre de Valle de Dios desde la Edad Media. El monasterio está enclavado en la parte más angosta del valle.
Más allá de versiones no confirmadas sobre la existencia de un monasterio más antiguo, se sabe que el rey Alfonso IX de León y su esposa Berenguela fundaron uno en el lugar de Boiges, y que lo donaron a la Orden del Císter. La iglesia de Santa María de Valdediós se empezó a edificar en 1218 y se concluyó en 1226. En 1348 se incendió el monasterio, y en 1522 un desborde del río sobre el que estaba construido arrasó con gran parte del edificio. Una nueva inundación afectó al convento. En 1835 cesa la vida monástica. En 1862 se instala el Seminario Mayor, pero el edificio es abandonado en 1951. El sentir popular de los asturianos pone en marcha la restauración en 1986, y en 1992 vuelven los monjes cistercienses. Hoy el conjunto arquitectónico tiene el auspicio del Parlamento Europeo, yeso ha permitido la calificada restauración ya prácticamente terminada.
Nuestra recorrida comienza por la iglesia de San Salvador (siglo IX), un monumento de estilo prerrománico tardío, que impresiona por el equilibrio de sus formas y volúmenes. La fachada principal, que mira al oeste, presenta tres cuerpos correspondientes a otras tantas naves, de diferente altura, y separados por dos contrafuertes. En la parte baja del cuerpo central se abre un arco que da paso al pórtico de entrada, con dos estancias laterales. Sobre el pórtico de este cuerpo central hay una ventana arqueada, dividida al medio por una columna, Matildenada por un bajorrelieve con la Cruz de la Victoria, sello de Alfonso III el Magno.
El interior consta de tres naves sin crucero. La nave central es más alta, alcanza los 8,80 metros, y tiene 2,80 metros de ancho. Las naves laterales miden 5,70 metros de alto y 1,55 de ancho. El largo total del templo es de 16 metros. Cada nave se compone de cuatro tramos separados entre sí por pilares de planta rectangular, sobre los que apoyan arcos de medio punto. En la nave central, sobre el pórtico hay una tribuna a la que se accede por una escalera situada en una de las naves laterales (la situada al sur). Esta tribuna estaba reservada al monarca.
La iluminación se logra por medio de dos grupos de cuatro ventanas abiertas en lo alto y a los lados de la nave central. Tal iluminación realza la altura de la nave central.
La cabecera se cierra con tres ábsides planos, de los cuales el más prominente es el central. En el acceso al ábside central hay unas columnas semiadosadas, cuyos capiteles presentan una ornamentación de grandes hojas sostenidas en su parte inferior por una especie de cuerda que según parece define el estilo asturiano. Esta ornamentación se repite en varios lugares del templo. El material de los capiteles y los fustes no es local, de donde se infiere que pueden haber sido tomados de los restos de la villa romana de Boiges. En el fondo del ábside central se abre una triple ventana.
En el exterior, la fachada sur ofrece la particularidad de un nuevo volumen: un pórtico alargado, abovedado y de pequeñas dimensiones: 1,60 metros de ancho por 8 metros de largo, dividido en cinco tramos. Los arcos de medio punto que sostienen la bóveda se apoyan en capiteles decorados artísticamente. Las ventanas de este pórtico están ornamentadas con celosías muy trabajadas con cierto aire árabe. Este pórtico ha recibido el nombre de atrio real.
Salimos al parque que está muy mojado y nos dirijimos a la iglesia de Santa María, que es la más grande de ambas, y que forma cuerpo con el convento. Se trata de un valioso ejemplo de arquitectura cisterciense, construída en el siglo XIII, en las postrimerías de la etapa románica de Asturias. La definición de este estilo es la sobriedad.
Es un templo de tres naves con crucero de brazos ligeramente desiguales. Las neves desembocan en otras tantas capillas semicirculares, de las cuales la central es la mayor.
El pórtico, del siglo XVII, tiene una cubierta abovedada apoyada en arcos sobre pilastras. El ábside central está cubierto por retablos barrocos.
otra característica de la arquitectura cisterciense son las ménsulas que sostienen los capiteles, apoyos, a su vez de de los arcos de la nave central.
Tanto esta nave central como las laterales están separadas por arcos de medio punto, apoyados sobre columnas semiadosadas a grandes pilares. Los arcos de las naves laterales denuncian ya el inicio del estilo ojival.
El retablo del ábside central, típicamente barroco, está centrado por una imagen soberbia de la Asunción. Me quedo con las ganas de visitar la sacristía. De regreso en la abadía Jordi nos muestra todo el edificio conventual, incluyendo la zona de clausura. Su actitud es tan natural que ni siquiera me doy cuenta en qué momento pasamos el límite, y ni pienso en que una mujer se está asomando hasta las celdas de los frailes. La biblioteca es fantástica por sus dimensiones y su luminosidad. El bibliotecario es un monje que resulta la imagen perfecta de la auténtica alegría. Hay un joven y dos niños leyendo. Nos muestran el taller de encuadernación y me regalan tres libros. Vemos también algunos trabajos de escritura a la manera de los monjes de la Edad Media. La recorrida sigue por el taller de artesanías destinadas a la venta para la subsistencia de la comunidad.
Volvemos a la iglesia de Santa María para la misa. Le guardamos un asiento a José, pero aparece en la procesión de entrada con todos los frailes y ocupa un sitial en el Matilde. Misa de 12 con algo más de 20 fieles, a más de los religiosos. Misa solemne, cantada y con incienso. No puedo dejar de recordar las misas solemnes de San Benito en Buenos Aires.
Almorzamos con José, y luego, mintras María prepara las valijas y duerme una siestita, me reúno con la comunidad. Son nueve frailes que siguen mi exposición con verdadero interés. Luego la despedida es realmente emotiva. Nos lleva al aeropuerto de Avilés el religiosos italiano que oficiaba de camarero. Lo hacemos a alta velocidad. El aeropuerto es de lujo y el vuelo fantástico. En Barcelona nos espera Matilde. Nos emociona el encuentro. Está igualita: quiero decir mona y alegre. Nos trasladamos al departamento de Balmes en el taxi del marido de una ex-colaboradora del CEMEDETE. otra vez en este querido lugar. Mientras cenamos con calidad-Matilde decidimos que viajo solo a Zaragoza y que los tres me pasarán a buscar luego para seguir el periplo. José tiene trabajo y pienso que ponerla a María, sola en una ciudad desconocida, y conmigo ocupado durante tres horas el primer día, y seis el segundo, pudiéndose quedar con Matilde en Barcelona, no tiene sentido. El cuarto de huéspedes de los Moyá es de cinco estrellas. Miramos un poco de TV y nos dormimos a una hora normal.
Lunes 17.- Luego del desayuno José nos lleva a la estación de ferrocarril. Al lado del auto me despido de ellos y de María. La sensación de separarnos en Europa me resulta extraña, pero racionalemnte es lo mejor. Adelante. El tren es tal como lo describiera José. Coches de lujo. De un lado un asiento y del otro dos.
El asiento vacío me sirve de apoyo para mi campera (perdón, aquí es una cazadora). Hay cine y música como en los aviones, pero ambos son prescindibles. Además estoy decidido a disfrutar del paisaje, porque seguimos teniendo un tiempo fantástico. El almuerzo a la carta pero sencillo lo traen hasta el vagón. Me harto de Mediterráneo. Andamos por la costa hasta la altura de Sitges. Cada vez hay menos montañas a mi derecha. Olivares para regalar, y unos árboles florecidos que pueden ser almendros, manzanos, o ambos. Tantos viñedos como olivares, pero una mínima proporción de forrajes. Pasamos por Lleida. Por fin Zaragoza. Me voy en un taxi al Hotel Goya. Lo que puedo ver de Zaragoza me muestra que se trata de una ciudad grande y modernosa. El hotel es realmente muy bueno. Me instalo y llamo al Centro. María Rosa pasará a buscarme a las 17.30. Tengo una hora que aprovecho para comprar un cepillo de dientes y dentífrico.
María Rosa resulta una mujer realmente agradable, tomamos un te, intercambiando ideas para el curso. Damos una vuelta pasando por la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, la Catedral, un convento muy bonito y parte del casco histórico. Me lleva al Centro. Es un departamento menos moderno que el de Oviedo. Hay dos colaboradoras, una es la hija de María Rosa, la otra, una chica con una marcada obesidad. Ambas simpatiquísimas. Me llevan a cenar a un lugar típico, donde me hacen probar un plato mixto que tiene de todo, acompañado con sangría. Me da mucha pena que hagan eso con el buenísimo vino español. Prometo no cometer más ese pecado. Me acompañan al hotel y quedan en pasarme a buscar a las 8.30. Pido en conserjería que me despierten a las 7.30. Pretendo ver algo de TV, pero me desmayo casi de inmediato.
Martes 18.- vienen a buscarme puntualmente y vamos a la ONCE, que es donde dictaré el curso. El edificio es imponente, y el salón de actos otro tanto, aunque no se puede hablar de lujo, sino de elegante sobriedad. Mientras María Rosa y sus chicas van y vienen con los preparativos, me hacen un reportaje por teléfono para la radio de Zaragoza. Quedo conforme con el resultado. Comienza a llegar gente. Son unas cincuenta personas. Al final de la primera charla las preguntas me resultan francamente estimulantes. Es un nivel que me motiva aún más.
A la salida tenemos un viaje eterno para conseguir estacionamiento, con continuas detenciones y un terrible olor a nafta. Pretenden ir a comer de inmediato, pero me resulta imposible. Pido S.O.S .. Me llevan al hotel, me refresco un poco, me recuesto 15 minutos y vuelvo a salir con algo más de fuerzas. Cenamos en un restaurante de tapas, patés, quesos y vino. Termino de mejorar mi estado nauseoso. El dueño o encargado acaba de estar en Buenos Aires, con una amiga que conoció en un viaje a Israel. Esta amiga es argentina, casada con un joven asturiano estuvo en Bariloche y en Iguazú. Nos convida con vino dulce de postre, el cual me encanta a pesar de mis convicciones.
Me acuesto temprano y preparo la charla del día siguiente. Me doy cuenta que la extraño a María.
Miércoles 19.-Me vuelvo a despertar temprano. Luego me entero que en Asturias hay mejillones de río, los que han desarrollado un pié como el de los caracoles, y caminan. Para colmo de sorpresas también me cuentan que llegan a pesar hasta uno y dos kilogramos . El clima espiritual cambia para mejor: José está presente en la conferencia y María y Matilde nos vienen a buscar luego.
Almorzamos en El Fuelle, un lugar muy típico, vale decir, un lugar en el que se come hasta más no poder. Me cambio en el hotel y vamos a visitar la basílica de Nuestra Señora del Pilar. La imagen de la pilarica es muy tierna, y el templo monumental. En especial los frescos de gran parte del techo de las naves laterales, pintados por Goya. Caminamos por el enorme espacio peatonal situado frente al santuario. Compro frutas de Aragón y salimos en auto por una autopista sensacional, aunque José la critica acerbamente (estos españoles están majaretas).
Por El Majareta
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