El alto Tajo, Guadalajara y Molina de Aragón


Hoces, sierras, barrancos, bosques y ríos configuran las abruptas tierras del Alto Tajo, en la provincia de Guadalajara. Paisaje agreste de profundas gargantas surcado una y mil veces por senderos y veredas. Los bellos parajes guadalajareños del Alto Tajo quedan para siempre grabados en la memoria de quienes se acercan a disfrutar de sus encantos.

Excelentes posibilidades para la práctica del deporte al aire libre, la gastronomía y su valioso fondo histórico y artístico es más que una invitación para el viajero. El Alto Tajo es una provocación. Rincón de la provincia de Guadalajara en el que se mantiene sorprendentemente intacto todo su atractivo natural. Desde la histórica Molina de Aragón hasta Orea, entre pinares o hasta Arbeteta, con su fuerte castillo, incontables puntos de interés permanecen pendientes de sorprender al paseante. Desde el curso del río a su paso por Zaorejas, punto de encuentro de piragiiistas y otros deportistas, hasta Cheea, magnífica exposición de la arquitectura popular del Alto Tajo. Todo ello y mucho más ofrece la singular porción este de la provincia de Guadalajara.

La zona del Alto Tajo, donde la provincia mejor se muestra con toda personalidad, es un mundo repleto de posibilidades. Donde quien viene de fuera, inevitablemente, tendrá que experimentar el placer de lo desconocido.

La muy noble ciudad de Molina de Aragón es el punto de partida para adentrarse en el trazado propuesto por el Parque Natural del Alto Tajo. Desde otro punto de vista es el más importante nudo de comunicaciones de la provincia. Antes de alcanzar sus demarcaciones, viniendo desde Alcolea del Pinar, se levanta ante nuestra mirada el torreón de los Mendoza, en La Torresaviñán. Molina, simplemente, como acostumbran a llamarla los guadalajareños, recoge en sus calles su devenir histórico, intenso y señorial. En otros tiempos señorio independiente, se advierte, sin dificultad, que hubo de ser bien pretendida por las fuertes coronas de Aragón y Castilla, según narran párrafos de la historia. Desde los altos, mira el poderoso castillo de cuatro torres, los vestigios que, con celo, guardan las calles de Molina de Aragón, y, por su parte, el río Gallo se encarga de dar vida. El convento de las Clarisas, la iglesia de Santa María la Mayor de San Gil y la de Santa María del Conde y el Puente Viejo dan entrada al Parque Natural del Alto Tajo, que se encuentra a tan sólo diez kilómetros.

El Barranco de la Hoz es la enorme garganta que forma el rio Gallo. El paisaje, entre pinos y álamos, forma una impresionante estampa muy merecedora de contemplar con serenidad. Desde Ventosa hasta Torete, enormes paredes y monolitos dibujados entre el verde de la vegetación llaman la atención a cada paso que va dando el viajero. En el mismo barranco se encuentra la ermita que decora y dona su nombre al espacio natural.

Otros alicientes, muy próximos, como el palacio de la Vega de Arias, en la localidad de Tierzo y los pueblos de Checa, Chequilla y Orea, a la vera del río Cabrillas, merecen igualmente un minimo de atención. Pueblos típicamente serranos entre agresivas formaciones rocosas y que son modelos excepcionales de la arquitectura popular de la zona.
El pueblo de Peralejos de las Truchas es un buen punto de partida para programar excursiones por la zona. Entre la infinidad de opciones al alcance del excursionista están la laguna de Taravilla, las cascadas de la Herrería o el Monasterio de Buenafuente del Sistal.

Las localidades de Riba de Saelices, Ocentejo, Arbeteta y Zaorejas, también incluidas dentro del marco natural del Alto Tajo ponen broche de oro a una visita por la desconocida y maravillosa Guadalajara.

Agradecemos a José L. Molina