Paseos desde Oviedo, a Covadonga
Me duermo brevemente en el coche y cuando despierto ya estamos en tierra castellana. Hacemos una parada horrible en Ponferrada. El bar es maloliente. María toma algo y yo debo esperarla afuera pues no soporto el olor. Reiniciamos el viaje. El panorama ha cambiado sustancialmente: de las montañas verdes a la llanura amarilla. Hasta las casas son diferentes: ya no hay horrios y los tejados son negros, seguramente porque es una zona con abundancia de pizarra. Bordeamos Astorga, lo suficientemente rápido como para que apenas podamos adivinar la catedral y el magnífico palacio episcopal proyectado por Gaudí. Por fin en las inmediaciones de León tomamos la autopista que viene desde Madrid, ya con una definida dirección hacia el norte. Asturias se anuncia con el retorno de sierras y verdes. Me impresiona como un enorme campo de golf con cercos. Las montañas van creciendo y aparecen picos nevados. Pasamos por varios túneles, y bordeamos ríos, represas y lagos naturales. Lástima que María sigue durmiendo. Los tejados son otra vez y definitivamente rojos, las casas cuadradas y con techos de cuatro vertientes. Reaparecen los horrios, pero aquí son bastante más grandes y cuadrados. Los poblados son progresivamente más importantes y ya se ven, en algunos de ellos, muestras de industria. El último centro urbano antes de Oviedo es Mieres, ya francamente fabril.
Oviedo es muy española, pero con una personalidad diferente. Los orígenes de la ciudad se remontan al siglo VIII, cuando se fundó el monasterio de San Vicente en Ovetao. Es la capital del reino de Asturias en sus inicios. Cuando avanzó la Reconquista y la capital del reino se trasladó a León, Oviedo se convirtió en un enclave en decadencia. La salvación vendría, redundantemente, a través de las peregrinaciones a San Salvador. Desde el siglo XIII se convierte en una ciudad comercial. La Revolución de Octubre de 1934, y la Guerra Civil llevó a la destrucción de una enorme proporción de edificios, de manera que lo que hoy visitamos es, en su mayoría, consecuencia del plan de urbanización de 1941. La terminal es importante. Nos espera José con una psicóloga muy simpática: María Isabel. Sin embargo hay una desilusión: Matilde no vino. José está muy delgado y con cara de cansado. Nos llevan a casa de esta colaboradora donde me aseo y cambio. Inmediatamente partimos hacia el CEMEDETE local que dirige María Laura. Se trata de un departamento amplio, con varios ambientes en los que las colaboradoras de José están atendiendo a numerosos niños con las típicas patologías que suele atender este grupo de trabajo. Toda la gente es muy agradable. Tomamos un te con galletitas y enseguida vienen de la TV de Oviedo para hacerme un reportaje. La entrevista me deja muy conforme, tanto por el nivel de las preguntas como por mi rendimiento. Cuando se van tejemos proyectos: mañana habrá una fabada de trabajo aquí mismo, pero luego de una entrevista para la radio, y de tomarme unas fotos que necesitan para difusión. Después iremos a Gijón, donde debo dar una conferencia en un colegio secundario para abordar el tema "Problemática de la adolescencia".
Me llevan al Club de Prensa de "Nueva España". Es un centro que funciona en el edificio de la redacción de dicho diario, y en el que se realizan conferencias todas las semanas, invitando a los visitantes más o menos ilustres. El salón es muy lindo y amplio, y hay una respetable cantidad de concurrentes. Termino muy satisfecho, y tanto José como su colaboradora se muestran entusiasmados.
Vamos a cenar a "Quesu", una parrilla criolla en las afueras de la ciudad. Por supuesto que no tomo contacto con asado, ni con chorizos y otros argentinismos, y sigo con mis costumbres de depredador de los mares hispánicos. Luego de una comida pantagruélica nos dirijimos por un camino de montaña a Valdedios. Son sólo 42 kilómetros, pero entre las curvas y la prudencia de la conductora tardamos algo más de media hora en llegar. El punto de llegada promete, a pesar de la oscuridad de la noche. Un enorme predio con dos iglesias románicas, y la mole del convento reciclado. Nos espera una fraile italiano que nos toma las valijas como si fuera un botones. Lo que alcanzamos a ver del interior es magnífico: han conservado el estilo primitivo, pero está todo modernizado respetuosamente, y con una aspecto de limpieza y prolijidad que a María la deja fascinada. Este sector del edificio no es el convento propiamente dicho sino la hospedería. La habitación que nos asignan cumple con las normas de todo el edificio, el baño es amplio y muy bien instalado. Nos dormimos rápidamente, pero a mitad de la noche me despierto muerto de frío. Aquí apagan la calefacción a las 21-22 horas (!). Gracias a Dios encontramos unas frazadas soberbias que nos permiten volver a conciliar el sueño.
Viernes 14.- Nos levantamos temprano, nos viene a buscar Isabel, y salimos con María y José. Se ha limpiado el cielo y tenemos un sol que, según parece, es excepcional en Asturias. José y María se van a pasear, e Isabel y yo a la radio. Ésta queda justo frente a una plaza muy "maja", que con el día de locos que hace me lleva a envidiarla a María que va a pasear. La envidia se desvanece bastante rápido porque la entrevista con el periodista me resulta estimulante. A la salida damos una vuelta con María Isabel. Caminamos por el centro que presenta una variedad divertida de negocios, y pasamos por el frente del Hostal de la Reconquista, que no me impresiona tanto como me lo habían advertido. José se va a misa y nosotros a la radio en lq que me harán un reportaje desde Gijón. El periodista está en esa ciudgd, y yo respondo desde Oviedo. De entrada hay una serie de divertidos seguidores del periooista, que por fin se superan y se graba con éxito el de casa José reportaje que supongo servirán para promocionar la charla del día siguiente en Gijón. A la salida paseamos por el casco histórico, que tiene rincones realmente muy lindos. Me impresionan los colores de las fachadas que me hacen acordar al casco histórico de cartajena (Colombia). Volvemos a pasar por el Hostal y visitamos la Catedral. Imponente. Su fachada principal es un hermoso ejemplo de gótico español, con una sola y maciza torre así como con tres portales de diferentes dimensiones. Esta iglesia de San Salvador sustituye a la prerrománica que destruyeron los musulmanes, y se comenzó a construir en el siglo XIV. No puedo dejar de expresar la impresión que produce la románica "Torre Vieja", del siglo XI, de planta cuadrada, y que se levanta junto a la "Cámara Santa". A ésta la visitamos casi sobre la hora de cierre, pero podemos aprovechar el momento por la presencia de un guía voluntario que posiblemente buscaba una propina la que no logró, pues cuando me di cuenta de esta presunta intencionalidad ya estábamos a tres o cuatro cuadras de esta maravilla histórica y arquitectónica. La Cámara Santa es lo único que se conserva del palacio de Alfonso 11, que seguía el esquema de una villa romana con torres y pórtico. Esta Cámara funcionaba como capilla palatina y estaba dedicado a Santa Leocadia. Es una estructura rectangular que conserva unas figuras de apóstoles y del Calvario de excepcional valor estético dentro de lo que se ha podido preservar del románico español. Dentro del espacio cuadrangular de la Capilla se conservan reliquias históricas que emocionan hasta a los extranjeros: la Cruz de los Angeles, donada a la Catedral por Alfonso 11 en el año 808 y la Cruz de la victoria regalada por Alfonso III y su esposa Doña Jimena en el año 908, joyas de estilo prerrománico realmente emblemáticas para los asturianos. La sillería del Matilde y el retablo mayor no tienen nada que envidiarle a otros ejemplos que he conocido en España.
Al salir de la Catedral, con muchas ganas de seguir visitándola, damos una nueva vuelta por la ciudad antigua, y nos dirigimos a la TV de Oviedo donde participaré de un programa periodístico. El reportaje es superficial, pero puedo reiterar lo que dije en la radio. Me quedo conforme, salvo con el maquillaje que no me lo puedo quitar hasta varias horas después. El siguiente paso es la fabada en el CEMEDETE, que resulta cinco tenedores. José y María comen verduritas . Buscamos una que haga fotografías y encontramos una no lejos del Centro. Encarga 12 .
Paseo al Naranco.
El Naranco es un monte muy próximo al centro de Oviedo. Allí, con un viento que le hace decir a José que si hubiera venido con paraguas habría competido con Mary Popins, nos enfrentamos con dos edificios pertenecientes a un palacio erigido sobre los restos de una villa romana. Lo que queda, gracias a los materiales usados en la construcción, son la iglesia de San Miguel y el aula regia de Santa María.
San Miguel de Liño es el tercio occidental del templo primitivo, el resto se derrumbó y la cabecera fue repuesta en el siglo XIII ó XIV. Parece haberse tratado de una basílica de tres naves. Lo que resta es un macizo constructo, con mucho del aspecto de la masía catalana. Impresiona la cantidad de ventanas, y aunque por el horario no se puede visitar por dentro, cabe suponer que debe tener una magnífica iluminación.
Bajando del cerro está Santa María del Naranco, que se convirtió en templo luego de ser usada como residencia por el rey don Ramiro.
Esto que queda hoy parece haber sido una sala de banquetes con carácter lúdico y sala de baños. La portada que conduce a la planta superior fue restaurada en los siglos XII-XIV .
Volvemos a Valdedios temprano. José se va al templo para rezar con los frailes y nosotros descansamos un breve momento hasta que cenamos frugalmente. Las charlas con José van ganando en profundidad y extensión. Nos acostamos temprano, y no puedo dejar de pensar en las veladas con Danilo. Gracias a Dios no debo optar por una u otra cosa.
Covadonga
Sábado 15.-
Nos levantamos temprano y nos vamos a Covadonga Es un día espectacular. El viaje a Covadonga es un placer. El lugar se llama Cangas de Onís, y está a 72 kilómetros de Oviedo. La carretera asciende bordeando el río hasta llegar al pié de la Santa Cueva, abierta en el murallón del Auseva. Se trata de una de las grutas habituales en el roquedal asturiano. Apenas pasada la cueva se distingue la esbelta imagen del santuario. El nombre Covadonga deriva de vocablos latinos luego romanceados según la tradición de la batalla del Auseva, en la que las piedras lanzadas por los moros volvían a subir y los mataban a los agresores. Este "milagro" se atribuye a cierta aparición de la virgen en la cueva. De manera que la cueva de nuestra Señora es el símbolo de que ella estuvo verdaderamente aliada a Pelayo en su gesta que inicia la reconquista de España. Cueva de la Señora "Cova Donminica".
La evolución del nombre parece haber sido: Covadomínica ~ Covadómnica ~ Covadonniva ~ Covadóneca ~ Covadonnica ~ Covadoneca ~ Covadonga.
La llegada es espectacular, una explanada que termina en el santuario con la montaña verde de fondo, una larga edificación a la izquierda y el tajo del Auseva a la derecha. En el comienzo de la explanada, y desde las inmediaciones del señorial hotel Pelayo está la entrada a la Santa Cueva: una escalinata construída en 1777 por orden de Carlos 111 a través de un tunel tallado en la roca. A su término hay una magnífica puerta de reja por la que se accede a los últimos 34 peldaños de la Escalinata de las Promesas. Subidos los cuales se llega a la Cueva, que es como un nada amplio balcón abierto hacia la izquierda. A la derecha, en una pared y nicho adosados a la piedra de la montaña: la tumba de Pelayo, con todo ese sabor del sentido heroico de la vida de la hispanidad, que aquí se huele hasta en los aromas de la naturaleza. Frente al pórtico, una pequeña capilla-sagrario, y a la derecha de ésta la bellísima imagen de Nuestra Señora de las batallas. Es una talla de madera policromada revestida de ropajes exquisitos, en cuyo pectoral luce la Cruz de la Victoria. La "Santina" sostiene con su mano izquierda al Niño, y con la derecha una rosa de oro, y está parada sobre un pedestal que preside el altar y bancos dispuestos para la celebración eucarística.
Muy cerca de la Cueva se levanta el histórico convento benedictino, hoy Real Colegiata de San Fernando, con su recia torre cuadrada de estilo renacentista. Volvemos por la explanada y podemos contemplar con más detención toda la edificación levantada a nuestra izquierda, la que siendo relativamente moderna no desentona con el espíritu general del lugar. Nos dirigimos ahora a la basílica, que data de fines del siglo XIX, a través de la última parte de la explanada, con sus jardines y espacio para el estacionamiento de coches. Antes de entrar al templo damos una vuelta todo a su alrededor, disfrutando del día soleado y nada frío. Todo lo que rodea el santuario es verde sobre rocas o jardines pulcramente cuidados. Nos impresiona especialmente el rotundo triple ábside neorrománico. El edificio, en su interior, es también una equilibrada combinación de estilos neorománico y neogótico que incluye tres naves, con la central de mayor altura. La modernidad de los capiteles no desentona con el espíritu del conjunto, evocador de otra arquitectura sagrada. En una de las capillas laterales, y sobre una columna baja está el sagrario de plata, obra de una magnífica orfebrería.
Si nos faltaba algo, la misa es cantada por la Escolanía, con una musicalidad y rigor litúrgico encomiables.
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