El Casco Vello de Vigo
O Berbés pudo empezar siendo refugio de los pescadores de Rendondela, que salían del fondo de la ría, del otro lado de Rande, buscando el mar abierto. Lo que ahora es Praza do Berbés habría sido su dársena contra los temporales, con una playa que se fue ganando al mar. Primero, un puerto rudimentario, Sobre las rocas se edificaron luego los soportales para guardar los botes, los aparejos de pesca, y para cocinar el salazón. Las casas treparon por el monte hacia la colina de San Sebastián, donde ahora está situado el Ayuntamiento, a media distancia del castro prerromano, y así se construyó "la Caracola de Piedra", el Casco Vello (Casco Viejo), cuyos límites coinciden con los del recinto amurallado en el siglo XVII, Hubo otro Vigo anterior a las murallas y que éstas no abrazaron: en el Area!.
Del Casco Vello se perdieron todos los vestigios, salvo las plazas medievales del Vigo menestral, castigado por sucesivas pestes y que tributaba a la Iglesia, En el Berbés, Ribera o Ribera do I3erbés, siempre hubo poblaciónn marinera. Los hombres aÚn defienden su preferencia por el arte del palangre (sedal con anzuelos) a la hora de pescar, las mujeres eran las encargadas de vender o conservar o peixe y durante siglos, o cheirume, el fuerte olor que generaba esa dedicación primordial, se consustancializó con Vigo.
Las calles, muy empinadas, se convierten a veces en angostas escaleras de piedra: del Berbés a Peñasco, por ejemplo, Las compactas viviendas marineras no fueron concebidas para el ocio, sino con la estricta funcionalidad que reclamaba una población humilde y, a menudo, muy pobre, La primera planta solía ser almacén, En la segunda se apretaban la cocina y dormitorio. Pero también se edificaban palacios. En la Rúa Real, 14, queda el caserón isabelino de los Bárcena, banqueros y comerciantes de la segunda mitad del XIX. Durante la Primera Guerra Mundial albergó al mismo tiempo los consulados de Alemania y Gran Bretaña.
En 1816 se construyó la colegiata que transfiguró el entorno. Tiene planta basilical de tres naves. En el interior destaca la columnata v e! Cristo de la Victoria, por concitar 'una gran devoción entre los vigueses. La imagen de Santa María, evidente devociÓn primera, fue a parar, a finales del siglo XIX, a poder de Carlota Granada, que la prestaba para las solemnidades religiosas. Su hijo José Álvarez Granada se la llevó a Argentina y la dejó en herencia a su cocinera. La familia directa de Carlota reclamó la talla y aún deben de andar en pleitos allá en Argentina. La fachada de la colegiata o concatedral está realizada en granito oscuro y pulido del país. Orientado al sur, se colocó en la pared un reloj de sol que mide las horas canónicas.
La Praza de Almeida era conocida primero como Praza Vella o das Cebolas (cebollas) por obvios motivos de mercado. Después se le cambió e! nombre en reconocimiento al militar portugués Juan de
'
1 Almeida y Saa, agente del gel'!> neral Wellington en Vigo y de
significada ayuda en la Reconquista contra los franceses. Conserva la casa de Ceta y el edificio más antiguo de Vigo, pazos de Figueroa, sede de la Fundación Camoens y del Centro Poliugués.
La Praza da Pedra tuvo su mayor trascendencia histÓrica durante los siglos XVII y XVIII, cuando en ella se celebraba el Concello abelio. En 1965 se
anadieron la fuente y el cruceiro. En el subsuelo se encuentra el legendario mercado da Pedra y a unos pasos los puestos ambulantes para la degustación de ostras, detrás de! hotel Bahía, construido sobre el solar de un mercado cubieli0 y muy recordado. Esa roca, A Laxe, fue la punta de lanza de la ciudad, el primer baluarte de sus defensas y, como tal, mil veces invadida, saqueada, incendiada y destruida, con y sin murallas o artillería. Luego se construyó en ella el primer muelle de piedra del puerto.
La Praza da Constitución es considerada la plaza Mayor de Vigo. Las calles próximas del barrio do Cura, la Rúa de Santiago o Sombrereiros mantienen la atmósfera de su sencillez antigua. La plaza, en palie con soportales, debe el nombre a que en ella se juró la ConstituciÓn de 1812. Hasta la década de los anos setenta estuvo radicada ahí la Casa Consistorial, hoy Casa da Cultura, y aún sigue enmarcando los actos oficiales más populares. La Casa da Cultura alberga la más importante colección de bibliografía gallega que existe, formada por los fondos de la Fundación Penzol, propiedad de la editorial Galaxia, y el legado de Fernández del Riego a la ciudad de Vigo. Estudiosos de todo el mundo, en particular portugueses y brasileños, siguen en sus archivos la estela lingüística del galegoportugués que empezaba a navegar con Martín Códax.
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