Islas cíes
Es un archipiélago de tres islas (Monteagudo, la más septentrional; Faro, la de! centro, y San Martino, la del sur) y algunos islotes. Estuvieron habitadas desde tiempos remotos; fenicios y cartagineses compraban en ellas el estano que producía Galicia. Los romanos las llamaron islas de los Dioses e islas Siccas, Julio César arribó en ellas en sus campanas contra las tribus herminias. Alfonso IX firmó en el monasterio de Faro en 1201 la Carta Puebla que concedió a Baiona. Piratas árabes y nórdicos las utilizaron como base para sus razzias sobre las poblaciones costera s de la regiÓn. Y Francis Drake, afamado corsario inglés, se dio en ellas cuartel preparando los golpes que le hicieron tristemente historico en las costas gallegas.
Gozan de un clima privilegiado, más seco y caluroso que el de la ciudad de Vigo. La temperatura media anual es de 15,7°, llegando las máximas absolutas, en agosto, a los 35,3°. una estacion seca y templada coincide con el verano-otoño y otra humeda y fresca, con el invierno-primavera. Las cumbres más elevadas, en Monteagudo, alcanzan los 193 metros. Mientras estuvieron habitadas, los campos de cultivo ocupaban el lado oriental, el que mira a la ría, bajando hasta las largas y tranquilas playas. Todavía en el Último cruce de siglos vivían en ellas 120 personas. Los Últimos vecinos las abandonaron en los anos setenta.
El resto del año es territorio de los vigilantes del parque natural y de eventuales percebeiros o marineros en faena. De sus cinco playas, de arena finísima y blanca, la de Figueiras es nudista, bañada por la corriente de la boca norte de la ría que los marineros llaman a uerga. Entre Faro y Monteagudo hay un lago y un arenal que las une. Por el oeste y el norte, el océano rompe con fuerza limpia en acantilados inabordables y a menudo rotos por el batir de las olas, que también ha abierto en ellos ji1l7WS, oscuras y profundas cavernas.
En Faro hay restos de un altar druídico y un depósito arqueológico de conchas y restos de animales, Os
Concheitos. Con los del convento, apenas son los Únicos vestigios de aquella actividad histórica y legendaria. Ahora sus pobladores más numero-
sos son los reptiles: lagartija ibérica, lagallo ocelado y algunas especies de serpientes, como la culebra viperina o la culebra lisa meridional. todas ellas inofensivas.
Todo el perimetro del parque natural compone un vasto conjunto de ecosistemas marinos, uno de los más significativos del litoral gallego. Es de sta cable el espectacular bosque de algas pardas de los géneros laminaria y sccorbiza, que permiten el desarrollo de percebes, balanos y mejillones. Le siguen en impcJ1tancia las praderas de anémona s y erizos de mar. En las playas submarinas se encuentran sollas, lenguados, rodaballos y moluscos bivalvos. Los fondos pedregosos, también con gran diversidad de algas, es el hábitat preferido por nécoras, centollos y camarones. En la travesía desde Vigo o Baiona, puede sorprender la presencia de delfines o túnidos en el entorno de las islas. Desde las gigantescas ballenas a las diminutas marsopas, más de 25 espeies diferentes han sido detectadas
en sus aguas.
Asimismo son un criadero privilegiado de aves marinas. Hay unas 15.000 parejas reproductoras de gaviota patiamarilla, la mayor concentración de esta especie en el mundo, y desde 1974 anidan en sus rocas entre cinco y diez parejas de gaviota sombría. Acogen también a la más importante colonia ibérica de cormorán moñudo: cada primavera, más de 300 parejas de esta especie se instalan en acantilados inaccesibles y en el interior de las profundas y tenebrosas furnas para reproducirse. El arao comÚn, que en el pasado fue muy numeroso, se encuentra en vías de extinción, no sólo en este archipiélago, sino en todos los contados lugares de la costa gallega donde solía criar. En sentido contrario, hace poco se han descubierto ejemplares de paíño europeo nidificando en uno de los islotes, lo que marca la colonia más meridional de esta especie en la costa atlántica peninsular.
El bosque gallego estuvo formado por castaños y carballos, variedad autóctono del roble, hasta finales del XVII, en que comienza la plantación masiva de pinos por su rápido crecimiento. El eucalipto llegó un siglo después como planta ornamental. La demanda de las celulosas para fabricar con su madera pasta de papel suscitó su expansión. El paisaje lo compone una permanente combinación, por lo general delicada, suave, del mar con los montes y valles en los que se adentra para recibir los ríos, formando las rías. El estrecho de Ronde separa en la de Vigo dos partes muy señalados: la interior, de aspecto lacustre, y la marítima, con el frontón de las islas Cíes. Los cambios de luz y de punto de mira transfiguran el paisaje con gran facilidad. En días claros, desde los oteros más altos se puede contemplar la accidentada costa de todas las Rías Baixas.
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